Sensibilidad a la violencia en adolescentes mexicanos: el rol de la exposición a la violencia y el cinismo legal

Sensitivity to violence in Mexican adolescents: The role of violence exposure and legal cynicism

Áurea Esther Grijalva-Eternod , Arturo Camacho Balderas

Universidad de Guadalajara, México.
* Autora de correspondencia: aurea.grijalva@academicos.udg.mx

Recibido abril 2025 / Aceptado septiembre 2025

Resumen
Este trabajo evalúa el impacto de la exposición a la violencia y el cinismo legal en la sensibilidad a la violencia de adolescentes en México. El estudio tiene un diseño cuantitativo y transversal y utiliza datos del ISRD-4 en México. La muestra está compuesta por 2534 adolescentes de 12 a 19 años. Se estima un modelo multinivel, para evaluar los efectos individuales y contextuales, donde el nivel agregado corresponde a los grupos escolares de los estudiantes. Los resultados no permiten confirmar que la exposición a la violencia en el ámbito escolar y en el vecindario afecte a la sensibilidad a la violencia. Sin embargo, haber sufrido victimización, y en específico, violencia parental la incrementan, mientras que el cinismo legal, tanto a nivel individual como agregado, la reduce. Estos hallazgos se discuten en el marco de la teoría de la acción situacional y sus implicaciones para el diseño de políticas públicas de prevención de la violencia y fortalecimiento del vínculo entre ciudadanía y sistema de justicia.

Palabras clave: sensibilidad a la violencia, exposición a la violencia, cinismo legal, análisis multinivel, adolescencia.

Abstract
This study examines the impact of exposure to violence and legal cynicism on adolescents' sensitivity to violence in Mexico. The study employs a quantitative and cross-sectional design and uses data from the International Self-Report Delinquency Study (ISRD-4) in Mexico. The sample consists of 2534 adolescents aged 12 to 19 years. A multilevel model is estimated to assess both individual and contextual effects, with the aggregate level corresponding to the class group. The findings do not support the hypothesis that exposure to school or neighborhood violence affects sensitivity to violence. However, experiencing victimization, and specifically, parental violence are linked to heightened sensitivity to violence, while legal cynicism, both on an individual level and in its aggregate form, is associated with reduced sensitivity. These findings are discussed within the framework of the Situational Action Theory, highlighting their implications for public policies aimed at preventing violence and strengthening the relationship between citizens and the justice system.

Keywords: sensitivity to violence, exposure to violence, legal cynicism, multilevel analysis, adolescence.

1. Introducción

México es uno de los países más violentos. Según el Monitor de Homicidios del Instituto Igarapé, en 2023 se registraron 29 675 homicidios intencionales, con una tasa de 22,6 por cada cien mil habitantes. Además, en el país se localiza el estado con la mayor tasa de homicidios de América Latina: Colima, con 108,56 asesinatos por cada cien mil habitantes (Instituto Igarapé, 2024). Sin embargo, estas cifras podrían subestimar la magnitud de la violencia letal en el país. El Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO) reportó, al momento de la realización de este estudio, 123 521 personas desaparecidas y no localizadas en México, de las cuales 10 401 corresponden a 2023 (Comisión Nacional de Búsqueda, 2025).

Más allá de los homicidios, la violencia en México adopta múltiples formas. La Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (Instituto Nacional de Estadística y Geografía [INEGI], 2024) reveló que, en 2023, la tasa de incidencia delictiva —que incluye robo, fraude, extorsión, amenazas, secuestro, delitos sexuales y lesiones— alcanzó 33 267 y la tasa de prevalencia delictiva se ubicó en 23 323, ambas por cada cien mil habitantes. Estas cifras reflejan una alta probabilidad de victimización.

Si bien vivir en un entorno violento afecta a toda la población, las consecuencias son particularmente graves para los adolescentes, quienes se encuentran en un periodo clave en el desarrollo biológico y social (Blakemore & Mills, 2014) y para la socialización legal: el proceso mediante el cual los individuos desarrollan creencias, actitudes y vínculos con las normas, las autoridades y las instituciones del sistema legal (Fagan & Tyler, 2005; Moule et al., 2019).

En México, la vulnerabilidad de los adolescentes se ve acentuada por la combinación de desventajas socioeconómicas y la exposición frecuente a la violencia. De acuerdo con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, la incidencia de pobreza para la población total en México, en el año 2022, fue del 36,3 %, mientras que para los niños, niñas y adolescentes fue del 45,8 %. Por su parte, según la Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM, 2022), el 28 % de los adolescentes entre 12 y 17 años reportó haber sido víctima de acoso escolar en el último año. Asimismo, datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición Continua (Instituto Nacional de Salud Pública [INSP], 2023) revelan que el 2,3 % de la población de 10 a 19 años sufrió daños a la salud en el último año debido a eventos violentos, mientras que el 54,2 % de los niños de 5 a 14 años experimentó alguna forma de disciplina violenta por parte de sus cuidadores. Además, el Módulo de Ciberacoso (INEGI, 2023a) reportó que el 26,5 % de los adolescentes de 12 a 19, usuarios de internet, fueron víctimas de ciberacoso. En relación con las desapariciones, en 2023 el RNPDNO registró 988 adolescentes de 12 a 17 años desaparecidos y no localizados (lo que equivale a casi tres desapariciones por día) (CNB, 2025); y las Estadísticas de Mortalidad (INEGI, 2023b) indican que el 7,4 % de las defunciones por homicidio correspondieron a jóvenes de 10 a 19 años. Estos datos evidencian la urgencia de analizar los efectos de la exposición a la violencia en este grupo etario, que en México enfrenta altos niveles de riesgo en distintos ámbitos de su vida cotidiana.

En contextos violentos donde las normas y autoridades no se perciben como legítimas ni eficaces, los ciudadanos pueden adoptar estrategias de desvinculación del sistema legal. Este fenómeno, conocido como cinismo legal (Adriaenssen et al., 2019; Sampson & Bartusch, 1998), obstaculiza el acceso a la justicia y puede fomentar la indiferencia ante la violencia. Por lo tanto, este trabajo analiza cómo la exposición a la violencia y el cinismo legal influyen en la capacidad de los adolescentes para reconocer la violencialencia. Comprender estos efectos puede ser útil para el diseño e implementación de políticas públicas en materia de seguridad y para fortalecer la relación entre la ciudadanía y el sistema de justicia penal (Adriaenssen et al., 2019; Reisig et al., 2011), en la medida que el proceso de socialización legal puede ser propiciado por el propio sistema de justicia y puede ser la base para que las autoridades puedan cubrir de mejor forma las necesidades de la sociedad (Trinkner & Tyler, 2016). El análisis se realiza controlando el efecto de otras variables que según trabajos previos pueden influir en la relación entre exposición a la violencia, cinismo legal y sensibilidad a la violencia. En concreto, el nivel de autocontrol se ha vinculado con el tipo de respuesta que los adolescentes dan a las provocaciones (Barton-Crosby & Hirtenlehner, 2020) y también se ha encontrado como una de las variables más altamente correlacionadas con el cinismo legal (Nivette et al., 2020). Asimismo, las mujeres se han encontrado con una mayor sensibilidad a la violencia que los hombres (Collyer et al., 2011), mientras que los hombres y las personas pertenecientes a estratos socioeconómicos más bajos han sido reportados con una mayor exposición a la violencia (Tarabah et al., 2015).

1.1. Normalización de la violencia y desconexión legal: la adaptación de los adolescentes a un entorno violento

Si bien existe un cierto consenso intra- y transcultural sobre la clasificación de los delitos en función de su grado de violencia (Calmeiro et al., 2024), más allá del criterio del daño (Adriaenssen et al., 2018; Jackman, 2002), no existe una tipología clara y universalmente aceptada de lo que constituye violencia (Organización Mundial de la Salud, 2002), en la medida en que la percepción de este concepto depende de la experiencia individual y de la posición social (Hendawy, 2022).

El concepto de lo que una sociedad considera violento impacta en la política pública. Por un lado, la percepción ciudadana sobre lo que es violento es un estándar empleado para la imposición de penas, la criminalización de conductas, el control y la prevención del delito (Adriaenssen et al., 2018). Por otro lado, es fundamental que las normas reflejen lo que la sociedad considera inaceptable para fortalecer la legitimidad del sistema de justicia (Calmeiro et al., 2024). En consecuencia, la percepción ciudadana de lo indebido, junto con otros indicadores —como la gravedad de la conducta y la frecuencia del delito—, debe considerarse un criterio orientador en el diseño de las normas penales y en su aplicación (Adriaenssen et al.,2018).

No obstante, este indicador social puede verse distorsionado por diversas razones. Kivivuori (2014) plantea que existen diferencias culturales en la interpretación de la violencia y que, en las sociedades occidentales de alto ingreso, el concepto de violencia se ha expandido, llevando a que cada vez más personas perciban conflictos como violencia. Este cambio conceptual puede alterar los índices de criminalidad, sin que necesariamente implique un incremento en los niveles de violencia. En contrapartida, en contextos de alta violencia, la literatura ha documentado el fenómeno opuesto, la normalización de la violencia como un medio de adaptación (Galán, 2018; Gaylor et al., 2011; Kennedy & Ceballo, 2016; Mrug et al., 2016; Storm-Mathisen, 2025; Tarabah et al., 2015). Bajo esta premisa, sería entonces esperable que, en países con altos niveles de violencia, se incremente la tolerancia hacia ciertos actos violentos, lo que incluso podría reducir la denuncia, generando la apariencia de una menor criminalidad debido a un proceso de insensibilización social.

Existe evidencia sobre cómo la exposición a la violencia genera desensibilización. Estudios previos muestran que las víctimas tienen menor reactividad (por ejemplo, cortisol y frecuencia cardiaca) ante estímulos violentos y una relación curvilínea con síntomas de depresión o ansiedad (Di Tella et al., 2017; Gaylord-Harden et al., 2011; Kennedy & Ceballo, 2016), lo cual sugiere un proceso de habituación a la violencia. Asimismo, la exposición a la violencia se ha vinculado con una reducción en la empatía y menor reactividad emocional (Mrug et al., 2016).

Esta desensibilización puede alterar los juicios morales a largo plazo y funcionar como un mecanismo de adaptación (Galán, 2018; Tarabah et al., 2015). Storm-Mathisen (2025), al analizar experiencias de jóvenes involucrados en violencia callejera, encontró que reconceptualizar la violencia es una estrategia de afrontamiento. En este sentido, estrategias como la normalización y trivialización de la violencia, así como la minimización de su impacto, permiten a estos jóvenes desarrollar una identidad individual y de grupo que les ayuda a sobrellevar la violencia, e incluso a hacer una reinterpretación funcional de ella. En este sentido, Berents & Ten Have (2017) sugieren que las personas deben reconocerse como sujetos con agencia y con capacidad para responder y adaptarse a contextos violentos. Así, la violencia puede volverse un fenómeno esperado, pero no necesariamente normalizado o aceptado, por lo que se adoptan estrategias para vivir con ella, minimizando, evitando y mitigando riesgos.

Algunos estudios sugieren que la desensibilización a la violencia puede incrementar la propensión a involucrarse en conductas delictivas. En este sentido, la exposición a la violencia y la desconexión moral se han encontrado vinculadas con la agresividad y el comportamiento violento (Concha-Salgado et al., 2022; Kennedy & Ceballo, 2016; Mrug et al., 2016), lo que sugiere que este proceso opera como un regulador cognitivo. Este fenómeno es comprensible, dado que, como se ha expuesto a lo largo de este apartado, la exposición a la violencia puede producir una reducción de los mecanismos inhibitorios biológicos, psicológicos y morales, y refuerza la hipótesis de que la desensibilización tiene implicaciones emocionales y conductuales.

Además de la exposición a la violencia, el cinismo legal también puede influir en la sensibilidad (Adriaenssen et al., 2019). Definido como un estado de anomia derivado de la desconexión con las normas y las autoridades (Adriaenssen et al., 2019; Sampson & Bartusch, 1998), este fenómeno puede comprenderse como una disposición individual o un marco cultural (Kirk & Matsuda, 2011; Kirk & Papachristos, 2011). Gau (2014) lo describe como una actitud de escepticismo hacia la ley y sus actores, basada en la percepción ciudadana sobre sus capacidades y motivaciones. Entre las principales causas del cinismo legal se encuentran la percepción de ineficacia del sistema legal para proporcionar seguridad (Kirk & Papachristos, 2011) y las experiencias negativas con las autoridades (Trinkner & Cohn, 2014). Por lo tanto, en un entorno donde la violencia es generalizada y forma parte de la vida cotidiana, resulta esperable que exista cinismo legal y que se reduzca la legitimidad de las instituciones encargadas de la seguridad y la justicia penal (Kirk & Papachristos, 2011).

Algunos estudios ayudan a comprender cómo el cinismo legal puede afectar a la sensibilidad. Calmeiro et al. (2024) encontraron que el cinismo legal está asociado con la percepción de ciertos delitos como menos incorrectos o dañinos. Asimismo, el trabajo clásico de Sampson & Bartusch (1998) evidenció que vivir en un barrio desfavorecido incrementa el cinismo legal y la tolerancia a conductas antisociales, lo cual se relaciona con la insatisfacción con el desempeño policial. Estos trabajos muestran que la percepción de injusticia y el abandono institucional pueden debilitar los filtros normativos, erosionando la sensibilidad frente a conductas violentas.

Este estado de anomia adquiere mayor relevancia en la adolescencia, etapa clave en la formación de actitudes hacia las normas y la autoridad (Fagan & Tyler, 2005; Moule et al., 2019; Nivette et al., 2014), llegando incluso a considerarse precisamente como el resultado de deficiencias en el proceso de socialización legal (Gau, 2014). Asimismo, en esta etapa existe un mayor riesgo de contacto con la delincuencia, ya sea como víctima o perpetrador (Fagan & Tyler, 2005; Morizot & Kazemian, 2015), lo que puede potenciarse si se reduce la sensibilidad hacia la violencia. Por ello, el presente estudio examina dos vías que pueden influir en la sensibilidad a la violencia de los adolescentes: la exposición a la violencia y la desvinculación con las normas y las autoridades; fenómenos que coexisten en México y han sido discutidos a lo largo de este apartado.

1.2. La tolerancia a la violencia y el cinismo legal como orientación cultural: la influencia del contexto

En la sección previa se argumentó que el cinismo legal y la normalización de la violencia pueden surgir como estrategias de adaptación a un entorno violento. Este apartado destaca la importancia de entender estos mecanismos de adaptación desde una perspectiva contextual.

El cinismo legal no es meramente una disposición individual, sino un marco de interpretación cultural compartido acerca de la inutilidad de la ley y sus agentes para garantizar seguridad (Kirk & Matsuda, 2011; Kirk & Papachristos, 2011). Dicho marco se adquiere y desarrolla a través de la interacción social, por lo que es un fenómeno adaptativo y relacional (Kirk & Papachristos, 2011). Kaiser & Reisig (2017) consideran que, junto con la legitimidad, el cinismo legal es una orientación normativa construida no solo a partir de experiencias personales, sino también moldeada por el entorno, en particular por las creencias de amigos y familiares. Así, el cinismo legal se genera a partir de un significado compartido sobre la ley y la viabilidad del sistema para garantizar la seguridad (Kirk & Papachristos, 2011), reforzado mediante interacciones sociales (Piquero et al., 2005). Hegtvedt & Johnson (2000) destacan que la justicia es un proceso colectivo en el que las evaluaciones individuales se ven influidas por las opiniones, percepciones y valoraciones de los demás, especialmente en orientaciones como la legitimidad y el cinismo legal. Son precisamente estos valores compartidos los que dan sustento al orden normativo (Tyler & Darley, 2000).

Respecto a la sensibilidad a la violencia, el razonamiento es similar. Numerosos estudios han evidenciado la influencia del entorno sobre las percepciones y comportamientos individuales (Sampson et al., 1997; Thomas et al., 2022; Zimmerman & Farrell, 2017), lo que subraya la necesidad de analizar el contexto al estudiar las actitudes. Sampson & Bartusch (1998) enfatizan que, aunque la tolerancia a la conducta antisocial y el cinismo legal han sido abordados desde la perspectiva de las subculturas y los grupos de pertenencia, muchos estudios se han centrado en examinar variaciones individuales y han dejado de lado el análisis contextual.

La teoría de la acción situacional (TAS) (Wikström, 2009a, 2009b, 2010, 2014) plantea que la decisión de transgredir o respetar las normas, y en general las acciones morales, surge de la interacción entre la persona y su entorno, donde el contexto ofrece alternativas de acción (Kokkalera et al., 2023; Wikström, 2014; Wikström et al., 2018; Wikström, 2009a). En su aplicación al estudio del delito, el ambiente se ha operacionalizado a través de variables como la falta de supervisión y la asociación con pares delincuentes (Hirtenlehner & Treiber, 2017; Wikström, 2009b; Wikström et al., 2018). Asimismo, se ha evaluado mediante creencias sobre los valores morales del entorno inmediato, incluidas las de los amigos (Hirtenlehner & Leitgöb, 2021), e incluso a través de variables macro como el contexto moral nacional (Kokkalera et al., 2023).

Volviendo al cinismo legal y la sensibilidad, Kirk & Papachristos (2011) sostienen que el marco cultural no es solo un sistema de valores, sino un repertorio de herramientas que orientan la acción individual, una concepción en línea con la TAS. Brauer & Tittle (2016) demostraron que, en entornos con normas morales estrictas, definidas por las creencias de las personas sobre la evaluación moral de sus amigos, se fortalece el filtro moral individual, reduciendo la probabilidad de respuestas agresivas ante provocaciones. Siguiendo esta lógica y en consonancia con Pauwels (2013), la TAS proporciona un sustento teórico clave para el presente análisis, ya que el contexto, sea el vecindario o la escuela, debe considerarse como un factor adicional en la conducta delictiva de los adolescentes.

Blakemore & Mills (2014) enfatizan que la adolescencia es un periodo especialmente sensible a las influencias sociales y culturales. Durante esta etapa, la alta aversión al rechazo y la intensa necesidad de aceptación social incrementan la influencia del entorno en las decisiones y comportamientos de los adolescentes. En este marco, la escuela emerge como un espacio clave de socialización e influencia en la conducta individual. Pauwels (2013) subraya que los adolescentes pasan gran parte de su tiempo en la escuela compartiendo valores e ideas con sus compañeros, por lo que la influencia de este entorno es un aspecto que los estudios criminológicos deben integrar al analizar las actitudes de los adolescentes.

Partiendo entonces de que los jóvenes son altamente susceptibles a la influencia del contexto (Blakemore & Mills, 2014), particularmente de sus pares, se considera esencial incluir variables contextuales en el estudio de la sensibilidad a la violencia. Siendo la escuela un entorno clave en la vida de los adolescentes (Pauwels, 2013), desde el punto de vista estructural y simbólico, este estudio emplea un modelo multinivel. Este enfoque analítico posibilita identificar la influencia directa del entorno escolar en la sensibilidad a la violencia, y la forma en que interactúan las características individuales con las dinámicas contextuales (Cebolla, 2013).

1.3. El presente estudio

Dada la escasez de estudios en México sobre el tema, este trabajo examina la influencia conjunta del cinismo legal y la exposición a la violencia sobre la sensibilidad a la violencia de los adolescentes. Esta contribución es relevante ya que, como destacan Nivette et al. (2020), la mayoría de las investigaciones sobre cinismo legal se han realizado en países con instituciones estables, resaltando la necesidad de analizar este fenómeno en contextos más diversos, como México.

Desde la perspectiva de la socialización legal y la TAS, este estudio analiza las variaciones en la sensibilidad a la violencia de los adolescentes en México. Se consideran dos niveles: el individual y el contextual (el grupo escolar como espacio de socialización), dada su posible influencia en la sensibilidad de este grupo etario. Para ello, se emplea un modelo multinivel con pendientes y efectos aleatorios que permite evaluar la variable dependiente en función de predictores en distintos niveles (Hox et al., 2017; Steenbergen & Jones, 2002) y cuantificar la varianza explicada por cada uno de ellos (Merino, 2017).

Las hipótesis que guían este estudio son:

1) La exposición a la violencia reduce la sensibilidad.

2) El cinismo legal disminuye la sensibilidad.

3) El contexto escolar influye en la sensibilidad, independientemente del efecto de las variables individuales.

2. Método

2.1. Diseño de investigación y participantes

Se realizó un estudio transversal con datos de la cuarta ronda del International Self-Report Delinquency Study (ISRD-4), considerando exclusivamente su aplicación en México, específicamente en Guadalajara y Ciudad Juárez. Estas dos ciudades presentan altos niveles de violencia, aunque con perfiles distintos. Ciudad Juárez ha sido posicionada como la cuarta ciudad con el mayor número de homicidios en México (Instituto Igarapé, 2024), mientras que Guadalajara encabeza el número de personas desaparecidas a nivel nacional (CNB, 2025).

Si bien la muestra obtenida fue de 2602 casos, se incluyeron únicamente estudiantes menores de 19 años, acorde con la definición de adolescencia de la Organización Mundial de la Salud. La muestra final fue de 2534 adolescentes, con una edad media de 15,14 (DE = 1,36), distribuidos en 74 escuelas (16 privadas y 58 públicas) y 88 grupos escolares1. Del total, el 47,63 % son hombres y el 52,37 %, mujeres2.

2.2. Procedimiento y consideraciones éticas

El estudio siguió el protocolo del Comité Directivo del ISRD (Marshall et al., 2022) y fue aprobado por el Comité de Ética en Investigación del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad de Guadalajara. Tras la selección de las escuelas y las clases mediante un proceso de muestreo aleatorio, se obtuvieron permisos de la Secretaría de Educación del Estado y de las direcciones de las escuelas participantes para acceder a las aulas. El cuestionario fue autoadministrado en el aula mediante dispositivos electrónicos (tabletas, computadoras o teléfonos móviles) proporcionados por las escuelas o los propios estudiantes. El acceso se realizó a través de un enlace a la plataforma Lime Survey. La recolección de datos se realizó entre marzo de 2023 y febrero de 2024.

La participación fue voluntaria, tras otorgar su consentimiento informado por escrito, el cual se obtuvo después de brindar explicaciones orales y escritas sobre el estudio. En todo momento, se garantizó la confidencialidad y el anonimato de la información.

2.3. Variables

El ISRD incluye preguntas fijas en cada ronda, una sección flexible que es variable y un módulo nacional opcional (Marshall et al., 2022). Para este análisis se emplearon datos de las tres secciones, incluyendo el módulo especial sobre cinismo legal aplicado exclusivamente en México. La tabla S1 y la tabla S2, en el material suplementario, presentan la estadística descriptiva de las variables utilizadas y los ítems empleados en las escalas.

Variable dependiente

La sensibilidad a la violencia se ha medido con distintos enfoques, como la evaluación de la severidad de diversos actos violentos (Collyer et al., 2011), indicadores indirectos como la depresión y la ansiedad (Gaylord-Harden et al., 2011; Kennedy & Ceballo, 2016) o escalas sobre la interpretación de la violencia (Kivivuori, 2014).

En este estudio se utilizó una escala directa diseñada por el Comité Directivo del ISRD (Marshall et al., 2022), enfocada en percepciones individuales sobre la violencia. De los siete ítems originales, uno fue eliminado tras un análisis factorial exploratorio, dejando una escala final de seis ítems con respuestas en una escala de 4 puntos. El rango de la escala fue 6-24 (mayor puntuación = mayor sensibilidad) (α = 0,90 y 67 % de la varianza).

Variables independientes

El cinismo legal ha sido ampliamente estudiado en criminología y derecho, con múltiples estrategias de medición (Hagan et al., 2020). En este estudio se empleó una escala de siete ítems, basada en Gifford & Reisig (2019), considerando solo los ítems de apatía legal, según la definición de Sampson & Bartusch (1998), centrada en la idea de que el cinismo legal refleja que las normas no son consideradas vinculantes en la vida de las personas. Esta variable fue medida en dos niveles:

Cinismo legal individual: escala Likert de cinco puntos, sobre el grado de acuerdo con siete afirmaciones. El rango fue de 7-35 (mayor puntuación = mayor cinismo) (α = 0,92 y 68 % de la varianza).

Cinismo legal grupal: se obtuvo promediando el cinismo legal individual dentro de cada grupo escolar, generando 88 valores agregados.

Para medir la exposición a la violencia, se consideraron las siguientes variables:

Victimización previa: medida aditiva basada en la experiencia de siete delitos: robo sin violencia, robo con violencia, lesiones, delito de odio, acoso cibernético, difusión de contenido íntimo y discurso de odio en internet. Dado que los ítems originales eran dicotómicos (0 = No, 1 = Sí), el rango de la escala osciló entre 0 (sin victimización) y 7 (víctima de todos los delitos considerados).

Violencia familiar: basada en la suma de experiencias de violencia parental, la cual abarcaba violencia parental menor o disciplinaria y violencia parental seria. Dado que los ítems originales eran dicotómicos (0 = No, 1 = Sí), el rango fue de 0 (sin violencia parental) y 2 (víctima de ambos tipos de violencia parental).

Violencia escolar: escala Likert de cinco puntos basada en el grado de acuerdo con cuatro afirmaciones. El rango fue de 4-20 (mayor puntuación = mayor percepción de violencia en la escuela) (α = 0,70 y 52 % de la varianza).

Violencia en el vecindario: escala Likert de cinco puntos basada en el grado de acuerdo con tres afirmaciones. El rango fue de 3-15 (mayor puntuación = mayor percepción de violencia en el vecindario) (α = 0,84 y 76 % de la varianza).

Variables de control

Autocontrol: escala aditiva de seis ítems Likert de cinco puntos sobre el grado de acuerdo con seis afirmaciones. El rango fue de 6-30 (mayor puntuación = mayor autocontrol) (α = 0,79 y 49 % de la varianza).

Sexo: variable dicotómica (0 = hombre, 1 = mujer).

Tipo de escuela: variable dicotómica (0 = pública, 1 = privada), utilizada como proxy de las condiciones económicas de los adolescentes.

2.4. Estrategia de análisis

La aplicación de modelos multinivel requiere una base de datos con observaciones individuales agrupadas en unidades agregadas (Cebolla, 2013). El ISRD-4 permite estudiar a jóvenes anidados en grupos escolares, lo cual hace posible indagar el efecto que tiene el contexto sobre los resultados individuales. A diferencia de la regresión lineal, los modelos multinivel reconocen explícitamente la estructura jerárquica de los datos, permitiendo la estimación individual y simultánea de efectos en distintos niveles (Merino, 2017).

Tras verificar la variabilidad entre los grupos escolares y la idoneidad del enfoque jerárquico sobre un modelo lineal tradicional (ver Figura S1 y Tabla S2 en el material suplementario), se estimaron tres modelos de regresión multinivel, incorporando progresivamente las variables de interés y evaluando la robustez de las estimaciones. El Modelo 1 incluyó las variables de exposición a la violencia, considerando únicamente la estructura jerárquica de los datos. En los Modelos 2 y 3 se incorporaron las variables de cinismo legal (individual y grupal) y las de control, respectivamente. Finalmente, se exponen los efectos marginales a partir de las estimaciones del modelo 3. Con ello, se identifica el efecto de la interacción entre el cinismo legal (individual y grupal) sobre la sensibilidad a la violencia.

3. Resultados

La Tabla 1 recoge los resultados de los tres modelos estimados. En el Modelo 1, solo una de las cuatro variables de exposición a la violencia mostró un efecto estadísticamente significativo: la violencia familiar incrementó la sensibilidad (β = 0,346). El ICC indica que el 5,5 % de la variación en la sensibilidad se debe al grupo escolar, sugiriendo un efecto contextual modesto pero significativo.

El Modelo 2 incorporó el cinismo legal (individual y grupal). En ambos casos se obtuvieron coeficientes negativos y significativos (β = -0,232, β = -0,303), indicando que una mayor desafección legal, tanto del individuo como del grupo al que pertenece, reduce la sensibilidad. La victimización (β = 0,253) y la violencia familiar (β = 0,390) mantuvieron su efecto positivo. El ajuste mejoró considerablemente (χ² = 195,84).

En el Modelo 3, al añadir las variables de control, el cinismo legal (en los dos niveles) mantuvo su efecto negativo (β = -0,181, β = -0,283). La victimización (β = 0,251) y la violencia familiar (β = 0,355) continuaron siendo significativas, mientras que la violencia escolar y la del vecindario siguieron sin ser relevantes. El autocontrol tuvo un efecto negativo (β = -0,077), y ser mujer aumentó la sensibilidad (β = 1,58). Pertenecer a una escuela privada no resultó significativo. El Modelo 3 presentó el mejor ajuste (χ² = 263,51).

Tabla 1

Resultados de los modelos multinivel. VD: sensibilidad a la violencia

Variable

Modelo 1

Modelo 2

Modelo 3

Victimización previa

0,133(0,09)

0,253(0,09)**

0,251(0,009)**

Violencia familiar

0,346(0,16)*

0,390(0,16)*

0,355(0,16)*

Violencia escolar

-0,036(0,03)

-0,036(0,03)

-0,022(0,03)

Violencia vecindario

-0,064(0,03)

-0,000(0,03)

0,011(0,03)

Cinismo legal individual

-0,232(0,01)***

-0,181(0,02)***

Cinismo legal grupal

-0,303(0,09)**

-0,283(0,09)**

Autocontrol

-0,077(0,02)**

Sexo (mujer)

1,58(0,23)***

Tipo de escuela (privada)

0,274(0,38)

Constante

16,18(0,50)***

23,16(1,3)***

22,37(1,4)***

Componentes de la varianza

Nivel clase (constante)

1,63 (0,42)

1,03(0,32)

0,953(0,30)

Residual

27,79(0,85)

25,49(0,80)

24,77(0,78)

ICC

0,055 (0,01)

0,038(0,01)

0,037(0,01)

LR test vs linear model

46,37***

25,81***

23,17***

N

2,166

2,086

2,0518

Grupos

88

88

88

Wald χ2

12,79**

195,84***

263,51***

Nota. Coeficientes con errores estándar robustos entre paréntesis. Significancia a * p < .05; ** p <. 01; *** p <. 001.

La Figura 1 muestra los efectos predichos del Modelo 3, mostrando los rangos observados de las variables de cinismo legal individual y grupal. Se evaluaron y graficaron los valores mínimos y máximos observados en la muestra para ambas variables. Los resultados indican consistentemente que un mayor cinismo legal (individual y contextual) se asocia con una menor sensibilidad a la violencia. La visualización de líneas paralelas confirma la ausencia de interacción entre el cinismo legal individual y grupal. En otras palabras, el efecto del cinismo legal individual sobre la sensibilidad a la violencia no es moderado por el nivel de cinismo legal en el grupo a lo largo de todo el rango observado de valores. Esto sugiere que los efectos del cinismo legal en ambos niveles son aditivos e independientes entre sí.

Figura 1.

Efectos marginales del cinismo legal individual y grupal sobre la sensibilidad a la violencia

4. Discusión

El estudio partía de tres hipótesis. La primera sostenía que la exposición a la violencia reduciría la sensibilidad. Sin embargo, los resultados parecen descartarla. De los diversos escenarios analizados, solo la violencia parental mostró un efecto robusto pero positivo: haber sufrido violencia parental se asoció con mayor sensibilidad a la violencia, en lugar de la desensibilización o adaptación reportada en estudios previos (Di Tella et al., 2017; Gaylord-Harden et al., 2011; Kennedy & Caballo, 2016; Mrug et al., 2016). Este resultado sugiere que las víctimas de violencia parental pueden desarrollar una mayor alerta ante la violencia, posiblemente debido a la falta de intervención adecuada o a la percepción de que sus experiencias no han sido atendidas. Así, este hallazgo podría reflejar una demanda de intervención efectiva.

La victimización previa también mostró efectos positivos, lo que sugiere una interpretación similar: las víctimas pueden ser más sensibles a la violencia no solo por su experiencia directa, sino también por la respuesta institucional.

El hecho de que ni la violencia escolar ni la violencia en el vecindario hayan mostrado efectos significativos en ninguno de los modelos, se contrapone con los hallazgos de estudios previos (Gaylord-Harden et al., 2011; Kennedy y Ceballo, 2016), sugiriendo que en el caso de estos adolescentes existen otras variables que deben atenderse para prevenir la desensibilización.

La segunda hipótesis, que postulaba que el cinismo legal influye en la sensibilidad, fue confirmada tanto a nivel individual como contextual: mayor cinismo (individual o grupal), menor sensibilidad de los adolescentes. Esto podría explicarse por deficiencias en la socialización legal, derivadas de percepciones negativas sobre las capacidades de la autoridad o experiencias insatisfactorias con el sistema de justicia (Kirk & Matsuda, 2011; Kirk & Papachristos, 2011), lo cual es consistente con investigaciones previas sobre la influencia de la percepción de la autoridad en la socialización legal (Grijalva-Eternod, 2024; Kirk & Papachristos, 2011). Dado que el cinismo legal no es inmutable (Kirk & Papachristos, 2011), puede moldearse según las condiciones de vida y las interacciones con la autoridad. Se ha demostrado que prácticas de justicia procedimental, particularmente aquellas que brindan voz y participación, fortalecen la legitimidad institucional (Fernández-Molina & Grijalva-Eternod, 2024; Pennington & Farrell, 2019) y pueden reducir el cinismo legal (Gau, 2014; Trinkner & Cohn, 2014). La desconexión con el sistema normativo en los adolescentes, reflejada en el cinismo legal reportado, parece generar un efecto de contagio en el grupo escolar que afecta a la sensibilidad. Ante este resultado, fortalecer la imagen institucional y mejorar la conexión con los adolescentes podría ayudar a contrarrestar este efecto. En este sentido, las autoridades tienen una responsabilidad clave: la construcción de confianza y legitimidad institucional podría ser esencial para prevenir la insensibilización juvenil en contextos violentos.

La tercera hipótesis, que sostenía que el contexto escolar influye en la sensibilidad a la violencia, también fue respaldada. El modelo nulo mostró que los grupos escolares explican parte de la variabilidad en la sensibilidad, indicando que la percepción de violencia se construye a partir de estímulos contextuales. El aula, como espacio de socialización, podría tener mayor influencia que el vecindario. Este hallazgo refuerza la idea de una visión compartida entre los adolescentes sobre normas, autoridad y violencia. Además, la inclusión del cinismo legal agregado evidenció un efecto contextual significativo que persistió tras controlar otras variables y que incluso es independiente del efecto del cinismo legal individual. Esto subraya la importancia de considerar ambos niveles al analizar la relación entre cinismo legal y sensibilidad a la violencia. Ignorar el contexto podría llevar a interpretaciones erróneas (Cebolla, 2013) y a ignorar el papel de la escuela como medio de contención para adolescentes.

Este resultado es relevante para prevenir la conducta delictiva de los adolescentes en el marco de la TAS. Wikström (2010, 2014) no conceptualiza la moralidad en términos de actos buenos o malos, sino como reglas de conducta que guían la toma de decisiones. Desde esta perspectiva, la sensibilidad a la violencia sería un precursor del filtro moral individual que frena la conducta delictiva. En este sentido, si bien el presente estudio no evalúa el efecto de las variables analizadas en la conducta delictiva, sí representa un esfuerzo por comprender “las causas de las causas” dentro de los postulados de la TAS.

Dado que la violencia es una acción situacional (Wikström & Treiber, 2009), para que un individuo la ejerza, primero debe percibirla como una opción justificable y viable según las señales del entorno. Estos hallazgos refuerzan la importancia de promover valores sociales positivos (Gau, 2014) para contrarrestar el cinismo legal. Si la escuela influye en los adolescentes, como sugieren los datos, la educación en la no violencia podría aumentar su sensibilidad ante ella (Collyer et al., 2011). Fomentar normas prosociales, valores de justicia y respeto, y fortalecer la moralidad personal, más allá de la disuasión y el castigo, contribuiría a una socialización legal eficiente (Brauer & Tittle, 2016; Trinkner & Tyler, 2016). Dado que el autocontrol y ser mujer parecen actuar como un escudo contra la desensibilización, ampliar los espacios de influencia de las mujeres podría promover modelos positivos de socialización legal, como han sugerido algunos estudios previos (Rahman & Susilo, 2024).

Otro resultado del modelo que merece la pena mencionar, a pesar de no ser parte de las hipótesis centrales, es el efecto significativo de las variables de control: autocontrol y sexo. Mayor autocontrol se encontró asociado con una menor sensibilidad a la violencia, lo que posiblemente pueda deberse a una interacción de esta variable con el nivel de moralidad personal (Barton-Crosby & Hirtenlehner, 2020) o a un efecto expansor del cinismo legal derivado del bajo nivel de autocontrol (Nivette et al., 2020). Asimismo, ser mujer se encontró vinculado a una mayor sensibilidad, lo que confirma los hallazgos de estudios previos (Collyer et al., 2011).

Los resultados aquí reportados deben interpretarse con cautela, ya que existen limitaciones que podrían afectar a su alcance y validez. En primer lugar, se analizaron actitudes de adolescentes de dos ciudades mexicanas (Guadalajara y Ciudad Juárez) con características específicas, lo que limita la posibilidad de generalizar los hallazgos a todo el país. Asimismo, la exposición a la violencia escolar y a la violencia en el vecindario fue medida a partir de percepciones subjetivas de los adolescentes, lo que pudo haber influido en los resultados. Además, por restricciones en los datos disponibles, no se consideró la exposición crónica, a pesar de que estudios previos han evidenciado que la relación entre exposición e insensibilización es de carácter cuadrático, sugiriendo un efecto más complejo que el observado en este estudio. Por otra parte, este estudio no consideró variables como la frecuencia de la victimización, el efecto acumulado de múltiples victimizaciones ni la polivictimización en distintos escenarios, factores que, según la evidencia, podrían generar efectos más negativos que la victimización aislada y modificar su impacto (Grijalva-Eternod, 2023; Tarabah et al., 2015).

Futuras investigaciones deberían profundizar en varios aspectos. Ante el efecto positivo de la victimización y la exposición a la violencia parental, sería pertinente explorar si se debe a la propia experiencia o al trato institucional recibido. También convendría explorar cómo interpretan los adolescentes la violencia en el vecindario y la escuela, ya que no todos responden igual al contexto de violencia (Sbeglia et al., 2024), y es posible que algunos perciban esta violencia como ajena a su ámbito inmediato, lo que explicaría su falta de significancia. Finalmente, sería deseable analizar el posible efecto moderador de la sensibilidad a la violencia entre el cinismo legal y el comportamiento delictivo, ya que, como se argumentó en párrafos anteriores, este trabajo puede entenderse como un acercamiento a los precursores de la conducta delictiva en adolescentes en el marco de la TAS.

En conjunto, estos hallazgos refuerzan la necesidad de atender los factores individuales y contextuales que moldean la sensibilidad a la violencia en adolescentes, con el fin de prevenir la normalización de la violencia, las trayectorias de riesgo y fortalecer la conexión entre los jóvenes y el sistema normativo.

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Insignia de ciencia abierta

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1 Los grupos escolares son los espacios educativos en los que se aplicó el instrumento. Los grupos no fueron creados para el estudio, sino que se encontraban designados previamente en las instituciones educativas. Así, la estructura jerárquica de la base de datos contempla dos niveles de agregación: escuelas y grupos escolares. De tal manera, el cuestionario fue aplicado en 88 grupos escolares de 74 escuelas.

2 Las personas que se identificaron como “no binarias” fueron 50 adolescentes, correspondientes al 1,9 % de la muestra original. Teniendo en cuenta que en los modelos se incluyó la variable “sexo” para comparar entre hombres y mujeres, se optó por tratar estas observaciones como datos perdidos.