The perception of depolicing among Catalan police commanders
Jesús Requena Hidalgo*
y Alexandre Miró Pastó 
Policía de la Generalitat-Mossos d’Esquadra/Institut de Seguretat Pública de Catalunya, España.
* Autor de contacto: jesus.requena@mossos.cat
Recibido abril 2025 / Aceptado septiembre 2025
Resumen
Este estudio explora las percepciones de los mandos de la Policía de Cataluña –Policía Local y Mossos d’Esquadra— sobre el “depolicing” en sus agentes, es decir, sobre las actitudes y conductas de retraimiento y evitación de determinadas situaciones e interacciones que se consideran comprometedoras o peligrosas. Como objetivo, este estudio pretende establecer hasta qué punto consideran que en sus respectivas organizaciones hay depolicing y qué factores modulan dichas percepciones. El estudio se basa en las respuestas de 426 mandos policiales a un cuestionario. Los datos se analizaron mediante descriptores básicos y se modelizaron aplicando una regresión múltiple. Una parte significativa de los mandos que contestaron el cuestionario, el 18 %, consideraban que, efectivamente, había depolicing entre sus agentes. Al igual que en contextos tan diferentes como el norteamericano, los resultados obtenidos indican una relación estadísticamente significativa entre la percepción de depolicing y las percepciones de autolegitimidad (negativa) y de conflictividad en el entorno (positiva). Asimismo, los resultados pusieron de manifiesto que los mandos que dirigían unidades cuyos agentes tenían un contacto más inmediato y frecuente con la ciudadanía tendían a informar menor percepción de depolicing.
Palabras clave: Mandos policiales, depolicing, conflictividad en el entorno, autolegitimidad.
Abstract
This study explores the perceptions of police commanders in the Catalan Police (Local Police and Mossos d'Esquadra) regarding depolicing among their officers, that is, the withdrawal from and avoidance of certain situations and interactions that are considered compromising or dangerous. The study aims to establish the extent to which supervisors consider depolicing exists in their organizations and what factors shape these perceptions. The analysis is based on the survey responses from 426 police officers. The data were analysed using basic descriptors and modelled using multiple regression. A significant portion of the commanders who answered the survey, 18%, believed that depolicing was indeed taking place among their officers. Similar to findings in other contexts as diverse as the North American one, the results obtained indicate a statistically significant relationship between perceptions of depolicing and perceptions of self-legitimacy (negative) and environmental conflict (positive). The results also showed that commanders leading units whose officers had more immediate and frequent contact with the public tended to report lower levels of depolicing.
Keywords: Police commands, depolicing, conflict in the environment, self-legitimacy.
El término “depolicing” hace referencia a la evitación, por parte de los policías, de ciertas formas de trabajo proactivo. Esta conducta busca reducir la probabilidad de verse involucrados en intervenciones iniciadas discrecionalmente que puedan ser criticadas, obstaculizadas o dar lugar a ser objeto de denuncias o sanciones disciplinarias o penales (Oliver, 2017)1.
Aunque el término aparece mucho antes en los estudios sobre el trabajo policial (Black y Baumgartner, 1987), y la literatura especializada ya había identificado perfiles policiales “de evitación” (Muir, 1977; Paoline, 2004), el fenómeno comienza a recibir más atención académica a partir de la muerte, en 2014, de un joven negro, Michael Brown, por los disparos de un agente del Departamento de Policía de Ferguson (Missouri). Este suceso, que agravó la “gran crisis de legitimidad” policial y el “sentimiento anti-policial” en los Estados Unidos (Maguire et al. 2017: 739; Shjarback y Maguire, 2021), marcó el inicio de una “guerra contra la policía”: un aumento de la atención y el escrutinio ciudadano sobre las intervenciones policiales, así como un aumento de la hostilidad contra la policía, de los enfrentamientos y las agresiones a sus agentes (MacDonald, 2016; Maguire et al., 2017).
La mayor parte de la investigación sobre el depolicing se ha orientado a comprobar si el fenómeno efectivamente existe y si tiene consecuencias en la evolución de las tasas delincuenciales, y ha dado resultados contradictorios. Mientras que algunos estudios concluyen que sí existe una relación entre determinados incidentes y la actividad policial (Morgan y Pally, 2016; Shjarback et al., 2017; Deuchar et al., 2019, otros apuntan que no puede sostenerse que haya tal relación (Pyrooz et al., 2016; Koslicki, 2022). Sin embargo, independientemente de ello, las percepciones policiales sobre la conflictividad en el entorno y sobre los riesgos asociados a esta importan, porque conectan con la idea de autolegitimidad y condicionan la posibilidad de que los agentes se relacionen con la ciudadanía de una manera provechosa, en interacciones significativas y positivas, en la misión de prevenir la delincuencia y los conflictos de convivencia promoviendo las alianzas que caracterizan la proximidad policial (Wolfe y Nix, 2016; Marier y Moule Jr., 2018).
A nuestro juicio, no hay elementos que permitan sostener que, en Cataluña, la ciudadanía esté en guerra con su policía, ni que los policías catalanes hayan dado muestras concluyentes de estar dejando de trabajar preventivamente para evitar problemas en sus intervenciones. No obstante, sí existen indicios que merecen atención académica y profesional, ante la posibilidad de que este debate se recrudezca como consecuencia de eventuales casos futuros que tensionen la relación entre la policía y la ciudadanía.
En los últimos años, en Cataluña, ha habido episodios en los que la policía y el trabajo policial han sido objeto de debate público y mediático. Debate como el que siguió a las gravísimas lesiones que sufrió Ester Quintana, quien perdió un ojo como consecuencia del impacto de un proyectil de una escopeta policial en la manifestación de la huelga general del 14 de noviembre de 2012 en Barcelona. O el que provocaron casos como el de la muerte de Juan Andrés Benítez, el 6 de octubre de 2013, que murió cuando estaba siendo reducido por un grupo de mossos d’esquadra en el Raval de Barcelona. O el que han merecido algunas intervenciones en las que la policía ha hecho uso de pistolas eléctricas en la reducción de personas agitadas, como la que tuvo lugar en Badalona, en noviembre de 2021, cuando la persona reducida acabó muriendo horas más tarde en un hospital de la ciudad por una parada cardiorrespiratoria.
También cabría reseñar aquí incidentes como los que se produjeron en diferentes localidades catalanas, en 2020 y 2021, donde mossos y policías locales tuvieron que huir para evitar agresiones, perseguidos por grupos de jóvenes que se negaban a aceptar las medidas anti-COVID19 impuestas para evitar el contagio de la enfermedad. O los ataques que se produjeron contra comisarías, vehículos y agentes en varias ciudades catalanas, en febrero de 2021, en el marco de manifestaciones y gravísimos desórdenes relacionados con las sentencias a líderes del proceso independentista y la detención del cantante Pablo Hasel.
Precisamente, el debate que generó la intervención de los mossos d’esquadra a propósito del referéndum independentista del 17 de octubre de 2017 tuvo una especial significación desde el punto de las consecuencias que tuvo en el colectivo. El papel de la policía catalana fue muy criticado por un importante sector de la ciudadanía y diversos mandos y agentes fueron investigados en diferentes instancias judiciales debido a su presunta pasividad ante la organización del mencionado referéndum. Aunque todos acabaron siendo absueltos, estos hechos afectaron sensiblemente el ánimo de las plantillas policiales y, en los meses posteriores al referendum, se registró un descenso abrupto de los principales indicadores de actividad policial.
A propósito de estos debates, los policías han expresado percepciones y sentimientos vinculados a un clima adverso en el entorno en el que deben prestar servicio, a un escrutinio especialmente riguroso que los condiciona a la hora de intervenir, y a la necesidad de adoptar determinadas precauciones a la hora de salir a trabajar para evitar verse expuestos a ese escrutinio y a las sanciones disciplinarias o penales. Entre estas precauciones figuran el uso de “gafas de madera”2 o la conveniencia de ser “quirúrgicos”3 en las intervenciones más comprometidas.
En este contexto, el debate público sobre las relaciones entre la policía y la ciudadanía en Cataluña se trasladó a la esfera política en noviembre de 2021, cuando se constituyó en el Parlamento autonómico la Comisión de Estudio del Modelo Policial. Esta comisión tenía por objeto “el análisis y la investigación de los mecanismos de control, evaluación e investigación de las actuaciones policiales, con la posibilidad de implantar mecanismos independientes de control y fiscalización de estas actuaciones; la revisión del modelo de orden público y la posibilidad de plantear cambios en él”, entre otros4.
Los objetivos del presente artículo son, en primer lugar, establecer hasta qué punto los mandos de las policías catalanas tienen la percepción de que sus agentes evitan determinadas formas de trabajo proactivo para no exponerse a los riesgos que entrañarían las interacciones con la ciudadanía; y, en segundo lugar, explorar los factores que determinan dichas percepciones.
Se pretende aportar evidencia empírica al debate sobre las relaciones entre la policía y la ciudadanía y, eventualmente, contribuir a la mejora de la profesión y el servicio policial.
El análisis se centra en las percepciones de los mandos policiales debido a que su papel es decisivo en la articulación de los valores que conforman la cultura policial (Tyler, 2011). Entendemos que, si los mandos piensan que la labor policial se desarrolla en un contexto adverso, en el que la ciudadanía muestra menos deferencia y respeto a la institución, y si empatizan con sus agentes cuando evitan determinadas intervenciones, es muy probable que les envíen señales más o menos explícitas de que, ante tales presiones, hay que adoptar precauciones y que la falta de proactividad está justificada y es aceptable (Nix et al., 2018; Mourtgos y Adams, 2019). En este caso, estos mandos no estarían en la mejor posición para neutralizar dicha actitud en sus equipos, lo que podría tener consecuencias importantes y muy negativas en las relaciones con la comunidad y en la seguridad pública.
Considerada en su conjunto, la investigación sobre el depolicing se ha hecho desde la perspectiva de la motivación (Mourtgos y Adams, 2019). Parte de la premisa de que, si los agentes no están lo suficientemente motivados como para cumplir con las obligaciones propias de su mandato y no asumen los riesgos anteriormente mencionados en las interacciones con la ciudadanía, es probable que se produzca depolicing.
Aunque la motivación también se ve influenciada por factores internos, como el estrés, el agotamiento laboral o la calidad del trato recibido por parte de los mandos, la atención académica se ha puesto, sobre todo, en sus factores externos, situados en el entorno organizacional, identificándolos como los principales vectores de desmotivación policial.
Resumiendo, podría decirse que las diversas teorías que han tratado de explicar el depolicing se sitúan en una línea de investigación en la que este aparece como un síntoma del clima sociopolítico en el que los agentes deben hacer su trabajo (Nix et al., 2018; Saunders et al., 2019). Este clima se caracteriza por periodos de intenso escrutinio público y crítica (Shjarback et al., 2017, Nix y Wolfe, 2015), relacionados con incidentes graves difundidos por medios de comunicación, que generan expectativas ciudadanas sobre el trabajo policial consideradas injustas por sus agentes (Morgan y Pally, 2016), así como por acusaciones de discriminación racial y denuncias que exigen responsabilidades (Oliver, 2017; Edwards y Rushin, 2022).
Como se ha señalado, esta investigación se ha dirigido mayoritariamente a demostrar la existencia del depolicing y sus consecuencias. Son pocas las que han examinado los factores que determinan la disminución de la actividad policial proactiva y, en su mayoría, son de carácter cualitativo (Brown, 2019; Oliver, 2019).
La identificación de estos factores se ha basado en la evidencia científica acumulada de que, tanto a nivel individual como colectivo, y en contra de lo que la literatura sobre la cultura policial ha mantenido durante las últimas décadas, existe una notable heterogeneidad en las percepciones y las actitudes policiales hacia la ciudadanía. (Pearson y Rowe, 2020).
Diversos estudios cuantitativos han examinado factores profesionales y demográficos como posibles moduladores de la percepción o existencia de depolicing. Entre estos se incluyen la percepción de eficacia de la organización policial, la confianza mutua con los subordinados, los años de experiencia, el tipo específico de trabajo, el ámbito geográfico de trabajo, el tamaño de la organización policial, así como variables como el género, la formación académica o la etnia (Blake y Lafond, 2017; Nix et al., 2018; Brown, 2019). Considerados en conjunto, los resultados obtenidos en estos trabajos han sido dispares.
Recientemente, Foster et al. (2024), en un estudio sobre la relevancia de diferentes predictores del depolicing considerados simultáneamente, han demostrado una relación estadísticamente significativa y de signo positivo entre este fenómeno y factores como el escrutinio y la crítica pública (ver también Mourtgos y Adams, 2019), la preocupación por incurrir en responsabilidades y el tipo de organización. También han encontrado una relación significativa, aunque de signo negativo, entre el depolicing, los años de experiencia y la categoría o rango. Sin embargo, no han podido establecer una relación significativa entre el depolicing y la injusticia organizacional, el agotamiento laboral o la percepción de peligro asociada al desempeño profesional.
En cambio, otros estudios han obtenido resultados no significativos o de débil asociación para estas variables, y han sugerido que las circunstancias del entorno profesional y las características personales de los policías tendrían un papel secundario en la percepción y existencia de depolicing (eg. Brown, 2019; Nix et al., 2018). En otras investigaciones, la influencia de la subcultura profesional y la naturaleza de las experiencias individuales se han identificado como aspectos clave para explicar las diferencias en la proactividad y el uso de la fuerza entre los policías (Adams, 2015).
En esta línea de investigación centrada en el contexto sociopolítico para explicar el depolicing, resuenan los postulados de la teoría general de la frustración, de Robert Agnew (1992). Esta teoría permite relacionar los entornos profesionales en los que se generan emociones negativas –frustración, decepción, insatisfacción, enfado, etc.— con determinadas actitudes que pueden definirse como desviadas u hostiles. Desde esta perspectiva, estas emociones negativas tendrían su origen en experiencias “en las que otros no tratan a las personas como les gustaría ser tratados” (Agnew, 1992: 50), por lo que se consideran indeseables y perjudiciales. Agnew identifica tres tipos ideales de situaciones que generan emociones negativas: la falta de condiciones para que los individuos consigan sus objetivos, la eliminación o la amenaza de eliminación de estímulos positivos, y la presencia o la amenaza de aparición de estímulos nocivos o negativos (Agnew, 1992: 50-51).
Así, el depolicing puede entenderse como un mecanismo mediante el cual los policías gestionan la frustración o el temor relacionados con ese entorno percibido como hostil, en el que indican menos, o peores, condiciones para que su trabajo acabe teniendo los resultados esperados.
Evitar determinadas situaciones e interacciones con ciertas personas les serviría para reducir las posibilidades de encontrar resistencia e incluso agresividad, así como para evitar ser grabados durante intervenciones en las que es más probable que puedan llegar a hacer uso de la fuerza (Oliver, 2017). También, –y esta nos parece una ventaja diferencial de esta perspectiva teórica frente a las anteriores— el depolicing les serviría para expresar su desacuerdo con un “sabotaje laboral” ante estímulos negativos, tanto en el entorno como en la propia organización (Foster et al., 2024: 66).
Por otro lado, la adversidad percibida en el entorno puede tener consecuencias en la percepción que los policías tienen de su propia legitimidad (Bottoms y Tankebe, 2012). En sus interacciones con la policía, la ciudadanía da constantemente señales a sus agentes del grado de legitimidad que les reconoce. Estos, a su vez, pueden ajustar su conducta en función de la interpretación de dicha respuesta ciudadana frente a sus intervenciones. Desde esta perspectiva, los incidentes de resistencia y oposición a la autoridad policial a los que nos hemos referido, así como la crítica en el debate público sobre las intervenciones policiales, pueden ser conceptualizados como un cuestionamiento de esa legitimidad. En consecuencia, los agentes podrían limitar sus intervenciones en el plano preventivo para “adaptar” su trabajo a los niveles de autolegitimidad percibidos. Creemos que esta percepción de autolegitimidad permite abordar una dimensión diferente de este fenómeno, más positiva que la que emerge de las perspectivas teóricas reseñadas anteriormente. En determinados momentos de alta tensión entre la policía y la comunidad, el depolicing puede ser la base de una estrategia beneficiosa para los propios agentes (Oliver, 2019), en la medida en que la reducción de intervenciones más “agresivas” dirigidas a determinados colectivos acabe reduciendo el impacto negativo que estas tienen sobre la legitimidad policial (Shjarback et al. 2017: 43).
Los datos en los que se basa este estudio provienen de un cuestionario que se administró, entre octubre de 2022 y febrero de 2023, a mandos de la policía catalana, tanto de la Policía de la Generalitat-Mossos d’Esquadra como de las diferentes policías locales de Cataluña, entre las categorías de sargento e intendente mayor o comisario. Se les envió un correo electrónico a las direcciones que ellos habían facilitado previamente a la Escuela de Policía del Instituto de Seguridad Pública de Cataluña5, pidiéndoles su colaboración y dándoles acceso a un cuestionario anónimo administrado a través de la aplicación Microsoft Forms. En dicho correo, así como en la primera sección del cuestionario, se les informaba del objetivo de la investigación y del carácter anónimo y protegido de las respuestas, y se les pedía que contestaran el cuestionario y que lo distribuyeran entre los mandos a sus órdenes. Lo respondieron un total de 426 mandos policiales6.
El formulario constaba de 34 preguntas, que correspondían a cinco variables o escalas de percepción y a 6 variables profesionales y demográficas. El 0,61 % de los datos (89 respuestas correspondientes a 29 mandos), estaban ausentes o contenían errores tipográficos. En estos casos, se aplicó un algoritmo basado en aprendizaje automático y múltiple imputación para estimar los valores promedio más adecuados (Mayer, 2024). Esto permitió conservar los cuestionarios de estos 29 mandos en su integridad dentro de la base de datos, lo que representó conservar un 6,8 % del total de los datos. La imputación de valores promedio mantuvo la distribución original de las variables y garantizó que no se alteraran los resultados de los procedimientos analíticos. Las distintas categorías de los factores se codificaron numéricamente para realizar los análisis estadísticos. La descripción detallada de la muestra, en base a las variables sociodemográficas y profesionales, puede verse representada en la Tabla 1.
Tabla 1.
Número y porcentaje de las respuestas para las distintas categorías de las variables profesionales y demográficas. Se incluyen los valores numéricos asignados a cada categoría para los análisis estadísticos
Variable |
N |
Porcentaje (%) |
Valor numérico |
Estudios de grado o superior |
|||
Bachillerato o equivalente |
146 |
34,3 |
0 |
Grado |
202 |
47,4 |
1 |
Postgrado (máster o doctorado) |
78 |
18,3 |
1 |
Especialidad policial |
|||
ME-Apoyo al mando |
30 |
7,0 |
1 |
ME-Información |
7 |
1,6 |
2 |
ME-Investigación |
60 |
14,1 |
3 |
ME-Apoyo operativo |
26 |
6,1 |
4 |
ME-Tráfico |
22 |
5,2 |
5 |
ME-Seguridad ciudadana |
129 |
30,3 |
6 |
Policía Local |
152 |
35,7 |
7 |
Género |
|||
Hombre |
387 |
90,8 |
0 |
Mujer |
37 |
8,7 |
1 |
No binario |
2 |
0,5 |
1 |
Categoría profesional |
|||
Sargento/a |
187 |
43,9 |
1 |
Subinspector/a |
111 |
26,1 |
2 |
Inspector/a |
90 |
21,1 |
3 |
Intendente/a |
28 |
6,6 |
4 |
Intendente mayor/Comisario/a |
10 |
2,3 |
5 |
Localización comisaría |
|||
Metropolitana |
286 |
67,1 |
1 |
No metropolitana |
140 |
32,9 |
0 |
Siguiendo la propuesta de Nix et al. (2018), el diseño del estudio está basado en una variable dependiente, “depolicing”, y dos variables independientes, “percepción de conflictividad en el entorno” y “percepción de autolegitimidad”. Además, incluye ocho variables de control (Figura 1).
Figura 1.
Diseño del estudio

La variable dependiente, “depolicing”, hace referencia a la percepción de los mandos sobre la presunta disminución de los niveles de actividad preventiva, debida a que sus agentes podrían estar evitando intervenciones o interacciones que prevén como problemáticas para ellos7. La primera variable independiente, “percepción de conflictividad en el entorno”, pretende registrar la percepción sobre la posibilidad de que los policías sean objeto de resistencias, enfrentamientos e incluso de ataques por parte de la ciudadanía. Se espera que esta variable se relacione positivamente con la percepción de depolicing, es decir, que, a mayor percepción de conflictividad en el entorno, mayor percepción de depolicing. La segunda variable independiente, “percepción de autolegitimidad”, se relaciona con la medida en la que los mandos policiales consideran que la ciudadanía percibe a la policía como legítima. En este caso, se espera que la relación con la variable dependiente, “percepción de depolicing”, sea negativa.
Las dos variables de percepción exploraban las sensaciones de los mandos sobre la eficacia de sus respectivas organizaciones y sobre la confianza con sus subordinados en el plano profesional. Se espera que las percepciones altas de eficacia policial y de confianza con los subordinados repercutan en percepciones bajas de depolicing. Además, de acuerdo con la literatura criminológica sobre la diversidad en la cultura profesional y organizacional en la policía (Bowling et al., 2019, Chan 2003, Charman, 2017; Cockcroft, 2012; Sklansky, 2006; Stubbs et al., 2025) y sobre el depolicing, se establecieron seis variables de control profesionales y demográficas que informaban sobre el tipo de organización a la que pertenecían los mandos (Mossos d’Esquadra o Policía Local) y, en el caso de los mossos, sobre la especialidad que ejercían8, sobre su género, categoría, antigüedad, nivel de formación académica y la localización de la comisaría en la que estaban destinados (Tabla 1). Se espera que estas variables tengan alguna relación estadísticamente significativa con las variables principales del estudio.
Las cinco variables de percepción (depolicing, conflictividad en el entorno, autolegitimidad, eficacia policial y confianza mutua con los subordinados) se generaron promediando las preguntas del cuestionario (ítems) involucradas en cada caso. Los conjuntos de ítems mostraron buena consistencia interna [0,65-0,90], utilizando el índice McDonald’s Omega total, apropiado para datos que incumplen las asunciones paramétricas (McDonald, 2013). Los análisis exploratorios de factor (EFA) de los cinco conjuntos de ítems mostraron que, básicamente, existía un primer factor latente asociado para cada caso, y que estos estaban excelentemente correlacionados con los promedios de preguntas o ítems (r de Pearson entre 0,95 y 0,99, con p-valor < 0,001 en todos los casos).
Después de calcular los estadísticos descriptivos de la muestra, aplicamos una regresión múltiple de mínimos cuadrados para determinar la asociación entre la variable dependiente “depolicing” y las variables independientes de percepción de conflictividad en el entorno y autolegitimidad. El resto de variables estudiadas se incluyeron en la regresión para conocer su relación con “depolicing” y para controlar su posible papel como factores de confusión. La desviación del coeficiente de regresión se estimó calculando el error estándar robusto, para tener en cuenta los posibles valores de error heterocedásticos (Hayes y Cai, 2007). Para poder comparar el peso de las variables modeladas, se calcularon los coeficientes multiplicadores estandarizados (β), que expresan los parámetros en unidades comunes de desviación estándar (Menard, 2004). La asociación excesiva entre variables no resultó preocupante para la regresión, ya que estas mostraron correlaciones de Pearson y valores VIF de |0,42| y 1,46 como máximo, respectivamente, cifras que se encuentran claramente por debajo de los límites aconsejables de |0,6| y 3,0, respectivamente (Zuur et al., 2009). Finalmente, para mostrar el sentido y la magnitud de los efectos de cada variable significativa sobre la variable dependiente “depolicing”, se han construido gráficos de los valores predichos por el modelo (efectos marginales) de cada una de ellas.
Las cinco variables categóricas profesionales y demográficas se transformaron en numéricas para realizar todos los análisis estadísticos (Tabla 1). La pertenencia a “Policía Local/CME” y las especialidades policiales se ordenaron y codificaron en función del contacto más o menos cotidiano con la ciudadanía en el ejercicio profesional; concretamente, de menos a más “proximidad”. Debido al bajo número de participantes de género “no binario”, estos se añadieron al género “mujer” para realizar los análisis, ya que una exploración previa mostró menores diferencias en los valores de “depolicing” entre los grupos “no binario” y “mujer” en comparación con el grupo “hombres”. El nivel de significación aplicado fue α = 0,05. Todos los análisis y gráficos se realizaron con el programa estadístico R (R Core Team, 2023).
En cuanto a estadísticos descriptivos (Tabla 2), el promedio de puntuación para la variable dependiente “depolicing” fue 2,1 en un rango [1; 5]. Aunque la percepción mayoritaria de los mandos de la muestra fue que en la policía catalana no se daba este fenómeno, hay que destacar que el 18 % de los participantes puntuaron 3 o más, es decir, apreciaban que, en alguna medida, sí había depolicing.
Tabla 2.
Estadísticos descriptivos de las variables consideradas en el estudio
Tipo de variable |
Nombre |
Promedio |
IC 95 % |
Mínimo |
Máximo |
Promedio Nix et al., 2018 |
|
Dependiente |
Depolicing |
2,08 |
2,00 |
2,16 |
1,00 |
5,00 |
2,02 |
Independiente |
Conflictividad entorno |
3,51 |
3,44 |
3,59 |
1,00 |
5,00 |
3,65 |
Autolegitimidad |
3,78 |
3,73 |
3,83 |
1,80 |
5,00 |
3,92 |
|
Control |
Eficacia policial |
3,66 |
3,61 |
3,70 |
1,50 |
4,75 |
3,95 |
Confianza mutua con subordinados |
4,27 |
4,22 |
4,31 |
2,33 |
5,00 |
4,23 |
|
Años de antigüedad |
26,61 |
26,02 |
27,19 |
6,00 |
47,00 |
24,5 |
|
Formación reglada completada |
0,66 |
0,61 |
0,70 |
0,00 |
1,00 |
0,46 |
|
Nota: La tabla muestra el promedio de cada variable, el intervalo de confianza del 95 % del promedio (IC 95 %), los valores mínimo y máximo, y los valores promedio obtenidos en los Estados Unidos (Nix, et al., 2018).
La regresión múltiple permitió obtener un modelo globalmente significativo (F = 15,23, p-valor < 0,001) que explicó un 25 % de la varianza en la variable dependiente “depolicing” (R2 Ajustada = 0,25). Después de controlar para los factores profesionales y demográficos, cinco variables mostraron efectos significativos sobre “depolicing” (Tabla 3; Figura 2). La relación fue positiva entre “depolicing” y la percepción de “conflictividad en el entorno” (t = 6,39, p-valor < 0,001), lo que indica que los mandos que percibían con mayor intensidad la existencia de “conflictividad en el entorno” también reportaban más niveles de “depolicing” (Figura 2a). Por el contrario, la otra variable independiente, “autolegitimidad”, mostró una relación negativa con “depolicing” (t = −3,75, p-valor < 0,001). Esto sugiere que los mandos con menor percepción de legitimidad conferida a su institución por la ciudadanía perciben una mayor existencia de “depolicing” (Figura 2b).
Tabla 3.
Resultados de la regresión múltiple
Parámetro |
b |
EE robusto |
IC 95 % |
β |
||
Ordenada en origen |
4,81*** |
0,54 |
3,80 |
3,80 |
-- |
-- |
Conflictividad entorno |
0,30*** |
0,05 |
0,21 |
0,40 |
0,28 |
0,27 |
Autolegitimidad |
−0,30*** |
0,09 |
−0,45 |
−0,14 |
−0,18 |
−0,18 |
Eficacia policial |
−0,22** |
0,09 |
−0,38 |
−0,06 |
−0,13 |
−0,16 |
Confianza mutua con subordinados |
−0,31*** |
0,10 |
−0,48 |
−0,13 |
−0,16 |
−0,15 |
Años de antigüedad |
−0,01NS |
0,00 |
−0,03 |
0,00 |
−0,08 |
−0,08 |
Formación reglada |
−0,07 NS |
0,09 |
−0,23 |
0,10 |
−0,04 |
−0,05 |
Policía Local/ CME especialidad policial |
−0,04* |
0,02 |
−0,08 |
0,00 |
−0,09 |
-- |
Género |
−0,15 NS |
0,12 |
−0,41 |
0,11 |
−0,05 |
-- |
Categoría profesional |
0,05 NS |
0,04 |
−0,03 |
0,13 |
0,06 |
-- |
Localización comisaría |
−0,09 NS |
0,08 |
−0,24 |
0,07 |
−0,05 |
-- |
Nota: La tabla muestra el coeficiente estimado (b), el error estándar robusto (EE robusto), el intervalo de confianza del 95 % de b (IC 95 %), el coeficiente estandarizado (β) y el coeficiente estandarizado obtenido en Nix et al. (2018) (β Nix et al., 2018). El símbolo -- indica que la variable no fue incluida en el citado estudio. Los asteriscos después del coeficiente estimado indican el p-valor de cada variable: NS, no significativo (P ≥0,05); * P <0,05; ** P <0,01; *** P<0,001.
Figura 2.
Efectos predichos por el modelo lineal para las cinco variables significativas. La línea de tendencia muestra los valores promedio predichos (efectos marginales) y sus intervalos de confianza del 95 %

La variable control de percepción “eficacia policial” mostró un efecto significativo de tendencia negativa sobre “depolicing” (t = −2,70, p-valor < 0,001). Esto indica que los mandos que percibían su organización policial como menos eficaz tenían la sensación de que existía un mayor grado de “depolicing” en el trabajo policial (Figura 2c). La variable control de percepción “confianza mutua con los subordinados” mostró también una relación negativa con “depolicing” (t = −3, 50, p-valor < 0,001). Esto pone de manifiesto que los mandos que percibían una menor relación de confianza dentro de su institución policial notaban una existencia mayor de “depolicing” (Figura 2d).
En el caso de los factores profesionales y demográficos, solo uno resultó significativo: “Policía Local/CME especialidad policial” (t = −2,13, p-valor = 0,034). El resultado indica que los mandos de los Mossos d’Esquadra adscritos a especialidades con menos proximidad a la ciudadanía eran los que percibían un mayor grado de “depolicing” (Figura 2e). En cambio, los mandos que trabajaban en la especialidad de seguridad ciudadana o en la Policía Local, con un contacto más directo con la ciudadanía, apreciaban una menor existencia de “depolicing” (Figura 2e).
A la vista de los resultados obtenidos, y en relación con los objetivos planteados, cabe señalar, en primer lugar, que se ha evidenciado que una parte significativa de los mandos de la policía catalana tiene la percepción de que sus agentes llevan a cabo depolicing. En cuanto al segundo objetivo, los resultados deben considerarse ambivalentes respecto de la evidencia empírica acumulada en la bibliografía sobre el fenómeno.
Por un lado, tal y como se esperaba, la relación entre las variables principales del estudio es consistente con la literatura existente sobre el depolicing. Existe una relación estadísticamente significativa entre la percepción de depolicing y las percepciones de autolegitimidad y de conflictividad en el entorno. Cuanto mayor es la percepción de autolegitimidad, menor es la percepción de depolicing; y cuanto mayor es la percepción de conflictividad en el entorno, mayor es la percepción de depolicing.
A pesar de la distancia que hay entre la realidad de la policía en Cataluña y la de contextos tan conflictivos como el norteamericano, los valores promedio obtenidos para las principales variables en nuestro estudio son similares (Nix et al., 2018). No obstante, algunas diferencias, aunque menores, llaman la atención y merecen ser destacadas.
Si bien los valores promedio obtenidos para las variables independientes, “conflictividad en el entorno” y “autolegitimidad”, fueron efectivamente similares, en el caso de los mandos catalanes resultaron ligeramente inferiores. En la misma línea, los coeficientes multiplicadores estandarizados para la policía catalana son prácticamente iguales a los reportados en el estudio de Nix et al. (2018). La única excepción la constituye la variable independiente “autolegitimidad”, que tiene algo más del doble de valor absoluto en Catalunya (|0,16|) que en Estados Unidos (|0,08|). Esto indica que, en ambos contextos, todas las variables analizadas tienen aproximadamente el mismo efecto sobre la variable “depolicing”, aunque en la policía de Catalunya la percepción de depolicing que informan los mandos disminuye más acentuadamente, con el doble de pendiente, cuando aumenta la sensación de autolegitimidad (Figura 2b).
No admite discusión el hecho de que los niveles de violencia policial, así como de resistencia y crítica a la policía en Estados Unidos y otros países de nuestro entorno, no son comparables a los que se registran en Cataluña. Sin embargo, los mandos informan de que, desde su perspectiva, la relación con la ciudadanía es tan problemática aquí como en aquel país. Además, aunque la percepción de depolicing sea relativamente baja, no es menor, pues casi el 20 % de los mandos respondieron estar de acuerdo o muy de acuerdo con que sus agentes evitaban determinadas interacciones o situaciones. En cualquier caso, considerando el promedio de la variable “depolicing”, esta percepción es parecida e incluso levemente más intensa que en el caso norteamericano (Tabla 2).
Independientemente de la existencia efectiva de depolicing, la explicación de esta percepción puede encontrarse en la cultura policial. En las narrativas policiales, la representación de la ciudadanía como una fuente de problemas y peligros que deben ser prevenidos desde la distancia –tanto física como emocional— es constante. Lo mismo ocurre con las referencias al verdadero trabajo policial como un ejercicio profesional siempre arriesgado, expuesto a peligros impredecibles que se ciernen sobre la integridad física y jurídica de los agentes, incluso en el caso de aquellos que trabajan en segunda línea, en dependencias policiales, sin contacto o sin apenas contacto con la ciudadanía (Requena, 2023).
Desde luego, no todo lo que los policías dicen o explican sobre su trabajo se corresponde exactamente con la realidad (Waddington, 1999). Sin embargo, sus narrativas operan como instrumentos para reforzar la cohesión colectiva, sustentando ciertas concepciones y definiciones del propio trabajo que son aceptables en la cultura organizacional (Charman, 2017). Por ello, el significado de estas narrativas puede ayudar a entender por qué nuestros mandos se han manifestado como lo han hecho en este estudio.
En nuestro contexto, la idea de policías sometidos constantemente a los peligros que supone la interacción cotidiana con la ciudadanía es claramente cuestionable. No obstante, aunque no sean rigurosamente exactas, estas narrativas circulan porque resultan plausibles y contribuyen a reducir la eventual tensión que puede generar lidiar con las dificultades cotidianas del trabajo –tanto dentro, en la propia organización con compañeros y mandos, como afuera, en la calle, durante las intervenciones con el público—. A través de ellas, los policías se identifican entre sí y, en la medida en que advierten que sus versiones de la realidad profesional coinciden, se reafirman en una visión compartida de la profesión.
Por otro lado, decíamos que nuestros resultados se apartan de los de otros estudios sobre el depolicing aquí citados, ya que no se ha podido constatar una relación estadísticamente significativa entre las variables de control sociodemográficas “años de antigüedad”, “formación reglada”, “género”, “categoría profesional” y “localización de la comisaría”, y la variable “depolicing”. Aunque para algunas de ellas se observaron tendencias de cierta magnitud, estas no pudieron ser confirmadas estadísticamente. Este fue el caso del género, por ejemplo, ya que en la muestra utilizada las mujeres parecían percibir un menor grado de depolicing que los hombres. La falta de significación estadística pudo deberse a que, en realidad, no existen diferencias entre ambos géneros, o bien a que las limitaciones de la base de datos y/o de la metodología utilizada imposibilitaron que las diferencias afloraran; dado que la muestra estaba formada por un 91 % de hombres, tal desproporción podría enmascarar efectos que presumiblemente existan (Huber y Gunderson, 2023).
Tampoco se ha podido establecer una relación significativa entre la percepción de depolicing y los años de antigüedad. En línea con Foster et al. (2024), se esperaba encontrar una asociación significativa de signo negativo (ver también Niederhoffer, 1967), pero no ha sido así. Esto puede deberse a que no existen diferencias suficientemente significativas en la muestra en cuanto a esta variable, ya que, aunque no todos los mandos tienen la misma experiencia, ninguno puede ser calificado como “novato” y la antigüedad media es relativamente elevada: 26,61 años.
Lo mismo ocurre con la relación entre la percepción de depolicing y la categoría o rango. Cabría esperar que, a mayor rango, menos percepción de evitación en los agentes, sin embargo, en base a nuestros resultados, no se puede establecer tal relación. En este caso, hay que considerar que la falta de diferencias significativas podría estar relacionada con el hecho de que todos los participantes son mandos y que, a diferencia de lo que pasa en otras comunidades del Estado, tanto policías locales como mossos han recibido la misma formación a lo largo de su carrera, tanto la básica como la de promoción, en las mismas aulas de la misma institución, y con los mismos programas formativos. Además, es importante tener en cuenta que un mando de la Policía Local puede tener responsabilidades organizativas cualitativamente diferentes a las de otro mando de la misma categoría en Mossos d’Esquadra. Por ejemplo, en la Policía Local, un sargento puede ser el jefe de su organización, mientras que en los Mossos puede ser un mando de escala intermedia que dirige un turno de trabajo. Cualitativamente, no habría diferencias entre el sargento jefe de la Policía Local y el jefe de una comisaría de Mossos, que también es un mando intermedio, pero en una organización mucho mayor.
En este apartado de resultados, que contrastan con los que presenta la literatura previa, cabe destacar la relación entre la variable relacionada con la proximidad a la ciudadanía y el “depolicing”. Nuestros resultados permiten afirmar que los mandos que dirigen organizaciones o unidades cuya actividad implica una relación más directa y frecuente con la ciudadanía tienden a señalar menores niveles de depolicing. Nos referimos a los mandos de las policías locales o de las unidades de seguridad ciudadana de los Mossos d’Esquadra, en contraposición a los mandos de unidades cuyos agentes, por el tipo de trabajo que desempeñan, tienen menos o ningún contacto con la ciudadanía, como los de las unidades de policía científica, análisis o gestión. Esta correlación invita a pensar en la posibilidad de que el contacto cercano y frecuente con la ciudadanía está relacionado con una percepción más positiva de esta y de la relación con ella.
Lo expuesto hasta aquí tiene implicaciones prácticas. En lo relativo a la influencia de determinados elementos de la cultura policial en la percepción de depolicing, la formación puede jugar un papel muy relevante en la mitigación de sus potenciales efectos, particularmente en la formación de mandos, tanto en la preparación para la promoción como en la formación continua dirigida a todas las escalas y categorías. La adquisición temprana de recursos cognitivos para identificar estas conductas de evitación puede contribuir a fomentar liderazgos mejor preparados para neutralizar sus consecuencias más negativas.
Respecto de la relación entre la proximidad a la ciudadanía y la percepción de depolicing, esta apunta a la conveniencia de “reconectar localmente” la policía (Higgins, 2001). Si el depolicing es un fenómeno que debe evitarse por las razones expuestas y si el contacto cercano y frecuente de policías y ciudadanía puede operar reducir la percepción de depolicing, entonces es necesario pensar en estrategias para potenciar dichos contactos; estrategias que reconsideren la importancia del territorio y sus lugares, especialmente en un momento en que gran parte de nuestra vida se ha virtualizado y las políticas de seguridad han desplazado su foco hacia las amenazas propias de los entornos en línea.
Por último, este estudio presenta algunas limitaciones. La principal sería que no se ha interesado en el depolicing real. En este sentido, investigaciones futuras podrían centrarse en los agentes de primera línea, explorando sus percepciones y sus prácticas en relación con las interacciones con la ciudadanía y el depolicing, así como en la comparación de sus discursos con los indicadores de actividad policial.
Desde el punto de vista metodológico, este estudio presenta las mismas limitaciones que los que se basan en datos recogidos mediante cuestionarios “cerrados”. Siguiendo a Mourtgos y Adams (2019), consideramos conveniente incorporar preguntas abiertas a los futuros cuestionarios y analizar las respuestas mediante técnicas de aprendizaje automático y procesamiento del lenguaje natural, como el modelado estructural de temas. Probablemente, esto proporcionaría una comprensión más profunda, menos condicionada por las conceptualizaciones previas de los investigadores y más basada en las percepciones que los encuestados expresan con sus propias palabras (Straits y Singleton, 2018).
En cuanto a la falta de significación estadística en las variables sociodemográficas, esta puede estar relacionada tanto con las características de la muestra como con la estrategia analítica elegida, la regresión múltiple. Este planteamiento, que nos permitió obtener resultados comparables con estudios anteriores, puede haber limitado la capacidad de evidenciar significación en variables que, como el género, la antigüedad o el rango, pueden tener un efecto real, aunque este aparecería enmascarado por su propia estructura compleja, con acentuados desequilibrios internos en la distribución de datos. Para superar esta limitación, podrían explorarse alternativas como el muestreo estratificado por categorías y el análisis basado en repeticiones o aproximaciones probabilísticas (James et al., 2013).
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La investigación que ha dado lugar a este artículo no ha recibido apoyo financiero de ningún tipo.
Contenido del cuestionario administrado a los mandos, para cada una de las distintas variables incluidas en el estudio (expresión del grado de acuerdo con afirmaciones).
– “Actualmente, a los policías les conviene evitar según qué contactos con la ciudadanía, como por ejemplo para hacer identificaciones o denunciar según qué infracciones”;
– “Los policías evitan las identificaciones porque los pueden llevar a situaciones conflictivas y a hacer uso de la fuerza”;
– “Siempre que pueden, los policías evitan determinadas situaciones porque la ciudadanía los puede grabar y difundir las grabaciones por Internet”.
– “En estos últimos años, la ciudadanía muestra menos deferencia y conformidad con la policía”.
– “Últimamente, la ciudadanía presenta más resistencias a los policías”.
– “Cada vez son más frecuentes los enfrentamientos físicos de personas con los policías”.
– “Cada vez son más frecuentes los ataques premeditados a policías en las calles”.
– “La mayor parte de la ciudadanía piensa que la policía hace un buen trabajo y alcanza sus objetivos”.
– “La mayor parte de la ciudadanía piensa que la policía atiende y trata a las víctimas adecuadamente”.
– “La mayor parte de la ciudadanía piensa que la policía la trata con respeto”.
– “La mayor parte de la ciudadanía piensa que la policía no trata a todo el mundo por igual, que trata a las personas dependiendo del grupo social al que pertenecen”.
– “La mayor parte de la ciudadanía piensa que la policía siempre respeta la Ley”.
– “La mayor parte de la ciudadanía piensa que la policía no la escucha, no tiene en cuenta sus puntos de vista”.
– “La mayor parte de la ciudadanía piensa que la policía les explica claramente los motivos de sus intervenciones”.
– “La mayor parte de la ciudadanía piensa que la policía trata a todo el mundo por igual, independientemente del grupo social al que pertenezca”.
– “La mayor parte de la ciudadanía piensa que la policía no representa sus valores”
– “La mayor parte de la ciudadanía piensa que la policía no siempre respeta la Ley”.
– En la lucha contra la delincuencia.
– A la hora de hacer frente al incivismo y a los conflictos de convivencia.
– A la hora de atender y dar apoyo a las víctimas.
– A la hora de responder a los requerimientos urgentes.
– “En general, tengo una buena relación con mis subordinados en mi comisaría”.
– “En general, pienso que mis subordinados confían en mí”.
– “En general, mis subordinados me apoyan”.
– “Mis subordinados me tratan con respeto”.
– “En general, me cuesta confiar en mis subordinados”.
– “Mis ideas sobre lo que está bien o lo que está mal coinciden bastante con las que tienen mis subordinados”.
_______________________________
1 Ante la falta de una expresión equivalente en castellano que sirva para expresar adecuadamente este fenómeno, en adelante se seguirá utilizando en inglés.
2 Los policías usan esta expresión para decir que, en determinadas circunstancias, lo más conveniente es ponerse “gafas de madera” para no ver nada, es decir para no tener que intervenir.
3 Intervenir “quirúrgicamente” es hacerlo con cuidado, no yendo más allá de lo estrictamente necesario desde el punto de vista del procedimiento si ello supone arriesgarse a ser denunciado por las personas con las que se interviene, (Requena, 2023).
4 Ver https://www.parlament.cat/document/bopc/316366043.pdf.
5 El Institut de Seguretat Pública de Catalunya es el órgano responsable de la formación que reciben los diferentes colectivos profesionales públicos dedicados a la seguridad. En cada actividad formativa en el ISPC, todos los policías facilitan su correo electrónico para comunicaciones relacionadas con su formación y para acceder a la plataforma de formación en línea, llamada ISPC en xarxa (https://ispcenxarxa.gencat.cat).
6 Según el Institut d'Estadística de Catalunya, en 2022 había 2307 mandos en las categorías incluidas en el estudio, 667 de ellos en la Policía Local y 1640 en los Mossos d'Esquadra: 39 comisarios o intendentes mayor, 79 intendentes, 250 inspectores, 561 subinspectores y 1378 sargentos. La muestra estudiada, de 426 mandos, representa un 18,5% de la población total de mandos.
7 Para el registro de estas percepciones, referidas a todas las variables contempladas en el estudio, se pedía a los mandos que indicasen su grado de acuerdo, entre 1 (muy en desacuerdo) y 5 (muy de acuerdo), con una serie afirmaciones relacionadas. Ver ANEXO 1.
8 Se entiende por especialidad el ámbito de trabajo formalmente reconocido como tal en un plan de carrera profesional, al cual se acede tras superar un proceso selectivo que incluye una fase de formación especializada de carácter eliminatorio. En este sentido, la seguridad ciudadana, como ámbito que comprende la prestación de servicios policiales de carácter básico al que se incorporan los agentes cuando acceden a la profesión, tanto de Mossos como de Policía Local, no se considera una especialidad.